Tomando Decisiones
Correctas Con Relación al Futuro
 
 
Carlos Cardoso Aveline
 
 
 
 
 
Cada vez que se aproxima un nuevo año, dejamos de lado la rutina apresurada. Es una época de transición, de descanso, y de sueño. Es un momento adecuado para evaluar el pasado y hacer planes con relación a las próximas etapas.
 
Comienza un nuevo ciclo: el tiempo futuro es una página en blanco, pero el pasado está vivo y viejas escenas resurgen delante de nosotros. Es posible que situaciones antiguas se deshagan en el aire a medida que despertamos a las nuevas posibilidades que tenemos en frente. El potencial inagotable de la vida nos abre un horizonte renovado. Tenemos una percepción aguda de que el tiempo pasa. La vida individual no es eterna. Es mejor aprovechar las oportunidades mientras ellas están delante de nosotros.
 
Cada momento es único, y cada potencial desperdiciado tiene un precio a pagar en el futuro. Carpe diem, dice el proverbio clásico: “aprovecha el día de hoy”. Y no se trata de una invitación al placer de corto plazo. Es un recordatorio de que más adelante rendiremos cuentas a nuestra alma inmortal sobre cada instante malgastado.
 
Surgen, entonces, preguntas no siempre cómodas. ¿Qué fue lo más importante que hicimos en nuestra vida hasta hoy? ¿Cuáles son los errores que no queremos cometer de nuevo? ¿Qué cosas positivas pretendemos realizar en el futuro? ¿Nuestras metas personales son claras y realistas? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar, de hecho, para alcanzarlas?
 
La principal bendición de los días calmos que rodean al Año Nuevo es la posibilidad de reevaluar descansadamente las lecciones del pasado y las posibilidades del futuro. En vez de especular sobre “lo que nos depara el porvenir”, como si fuésemos espectadores de nuestra propia vida, lo más correcto es asumir la dirección del proceso. Después de evaluar lo que aprendimos hasta hoy, debemos preguntarnos:
 
“Teniendo en cuenta las condiciones del presente y las tendencias hacia el futuro, ¿qué es posible y deseable crear y realizar en los próximos años? ¿Qué metas son al mismo tiempo realistas y audaces?”
 
Con un bolígrafo o un computador, hacemos planes. Elaboramos una lista de acciones capaces de aumentar radicalmente la calidad de nuestra vida. Entre ellas:
 
* Estar más atentos a cada instante;
* Abandonar ese o aquel hábito negativo;
* Cuidar mejor de nuestra salud;
* Dedicar más tiempo a la filosofía esotérica;
* Gastar menos recursos materiales;
* Preservar la energía vital;
* Mejorar las relaciones personales;
* Abandonar actividades que parecen urgentes, pero que no son importantes;
* Priorizar actividades que son importantes para nosotros, aunque no parezcan urgentes;
* Actuar con altruismo, lo cual nos aproxima más a nuestra propia alma inmortal.
 
El paso siguiente es evitar que esas promesas caigan en la fosa común del olvido. Será útil evaluar cuidadosamente nuestras fuerzas. Tal vez podamos remar a contracorriente, venciendo la pereza y otros desafíos. Sin embargo, existe el peligro de que sigamos el camino más fácil, abandonando las nobles decisiones tomadas en un momento inspirado y siendo arrastrados aguas abajo por la fuerza de la rutina. El teósofo Robert Crosbie escribió:
 
“Las promesas y resoluciones nunca nos harán ningún bien si no las sustentamos. Un mero deseo nunca nos llevará a ningún lugar. Tenemos que sustentar el deseo; tenemos que mantener la decisión. Debemos ejercitar nuestra voluntad y abrir camino en dirección a la meta de nuestra voluntad, el tiempo todo.” [1]
 
Cada persona tiene su karma personal, es decir, su propia red compleja de acciones y reacciones, de causas y consecuencias – a corto, medio y largo plazo. Cuando es visto de modo rígido, ese conjunto enmarañado de posibilidades y limitaciones es llamado Destino. En verdad, el karma es un proceso abierto a cambios y depende de la manera en que reaccionamos ante él, a cada momento y con base en nuestro libre albedrío.
 
La filosofía oriental enseña que hay tres tipos de karma. El karma maduro, que estamos cosechando a cada momento en las situaciones que nos rodean, es Prarabdha. El karma acumulado, que ya plantamos pero aún no ha madurado y no está listo para ser cosechado, es Sanchita. El karma nuevo, que estamos plantando a cada momento con nuestras acciones y pensamientos, es Kriyamana.
 
De los tres, el más importante es el karma que estamos plantando ahora. Porque este es el karma que depende de nosotros y de nuestro libre albedrío. No es posible evitar las consecuencias del pasado. Sin embargo, elegimos libremente lo que plantamos para el futuro, y eso incluye el modo en que cosechamos el karma maduro. ¿Somos capaces de ver las oportunidades ocultas que yacen bajo los aparentes obstáculos?
 
Las obligaciones y responsabilidades del día a día corresponden a nuestro karma maduro, prarabdha. Pero siempre es posible abrir caminos nuevos mientras cumplimos con nuestro deber. El karma kriyamana – creado de acuerdo con nuestro libre albedrío – tiene dos aspectos centrales. Por un lado, él es la elección de las acciones que comienzan por nuestra libre iniciativa. Por otro lado, él es la decisión sobre cómo enfrentaremos y aprovecharemos las obligaciones, los desafíos y las oportunidades que el karma maduro – prarabdha, o “destino” – coloca delante de nosotros.
 
Cuando hacemos promesas de Año Nuevo, estamos tomando decisiones respecto a las áreas de nuestra vida sobre las cuales tenemos una efectiva libertad de elección, y ellas son más numerosas y mayores de lo que parecen a primera vista. Algunas de esas áreas son obvias, otras son sutiles. Es conveniente examinar con atención lo que hacemos durante nuestro tiempo libre. Porque es en las horas de tiempo libre cuando tenemos la oportunidad de crear nuevas tendencias kármicas, más positivas y renovadoras. Tener tiempo libre no es sinónimo de ociosidad. Nuestro tiempo libre tiene un potencial sagrado: es el espacio disponible para el karma kriyamana.
 
¿Qué debes hacer, entonces, para que tus promesas de inicio de año se vuelvan una realidad?
 
El primer paso es reconocer que el propósito de la vida es producir autoperfeccionamiento, creatividad y paz interior.
 
El segundo paso es elegir metas bien definidas que dependan de ti mismo. No decidas, por ejemplo, que tal o cual cosa agradable ocurrirá. Eso sería solo un deseo con relación a hechos que no dependen de ti, y, tal vez, la fantasía de cosechar aquello que no plantaste.
 
No tomes la decisión de que las otras personas serán simpáticas contigo; en vez de eso, toma la resolución de ser amable con ellas. No decidas que tu jefe debe darte un aumento salarial; en lugar de ello, toma la decisión de trabajar con más ahínco y aprovechar mejor las oportunidades profesionales.
 
En la infancia espiritual, o cuando somos psicológicamente infantiles, tenemos una fuerte dependencia de un “padre salvador” y esperamos que algún dios o una figura de autoridad lo haga todo por nosotros. A medida que adoptamos una actitud adulta, aceptamos nuestra autorresponsabilidad ante la vida. Entonces nuestra religiosidad ya no se apoya en la creencia o en la obediencia ciega, sino en la comprensión de la unidad y en un sentimiento de independencia solidaria. Para el budismo de la Tierra Pura, por ejemplo – uno de los más populares en Japón -, Buda Amida no es un maestro individual, sino la Luz Eterna y la Vida Infinita. En una meditación tradicional de esa secta, cada practicante se considera parte de una corriente de amor universal que integra el cosmos:
 
“Soy un eslabón de la Cadena de Oro del amor de Buda Amida, la cual se extiende por el mundo. Debo conservar mi eslabón brillante y fuerte. Intentaré tener pensamientos bellos y puros, decir palabras bellas y puras, y realizar acciones bellas y puras, porque sé que mi felicidad o infelicidad, así como la felicidad de los otros seres, depende de todo lo que ahora hago. Que todos los eslabones de la Cadena de Oro del amor de Buda Amida puedan tornarse brillantes y fuertes. Que todos nosotros podamos alcanzar la Paz Perfecta”.
 
En esta oración el meditador reconoce que su felicidad – y, en parte, la felicidad de los otros – depende de todo lo que él mismo hace en el momento presente. Esta es la lección inevitable del karma kriyamana. Debemos sembrar ahora lo que esperamos cosechar algún día. Lo que no se planta, no se cosecha. La idea está íntimamente ligada a la filosofía de Epicteto, el pensador estoico que vivió en el mundo romano, en los siglos I y II de nuestra era. Este ex- esclavo enseñó:
 
“La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Solo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior. Bajo control están las opiniones, las aspiraciones, los deseos y las cosas que nos repelen. Estas áreas constituyen con bastante exactitud nuestra preocupación, porque están directamente sujetas a nuestra influencia. Siempre tenemos la posibilidad de elegir los contenidos y el carácter de nuestra vida interior. Fuera de control, sin embargo, están cosas como el tipo de cuerpo que tenemos, el haber nacido en la riqueza o el ganarse de pronto una fortuna, la forma en que nos ven los demás y nuestra posición en la sociedad. Debemos recordar que estas cosas son externas y por ende no constituyen nuestra preocupación. Tratar de controlar o cambiar lo que no podemos tiene como único resultado el tormento”.
 
De hecho, la gran fuente de infelicidad, en el plano psicológico, está en el hábito de gastar nuestras energías reaccionando contra lo que no puede ser alterado, o manipulando artificialmente aquello que no está a nuestro alcance y que no podemos controlar de modo natural. Con eso perdemos la oportunidad de hacer aquello que solo depende de nosotros.
 
Epicteto añade:
 
“Las cosas que están dentro de nuestras posibilidades se encuentran naturalmente a nuestra disposición, libres de toda restricción u obstáculo; pero aquellas que están fuera de nuestro alcance son débiles, dependientes o determinadas por los caprichos y acciones de otros. Recordemos, también, que si creemos que tenemos poder sobre cosas que naturalmente se encuentran más allá de nuestro control (…) nuestros esfuerzos serán desviados y nos convertiremos en personas frustradas, ansiosas y que tienen una tendencia a criticar los otros.” [2]
 
Al definir metas personales para el próximo año, debemos también tener en cuenta los diversos aspectos de nuestra personalidad. El ser humano es un todo complejo. Somos frecuentemente contradictorios. ¿Habrá en nosotros centros emocionales capaces de promover un “boicot inconsciente” contra las nuevas decisiones? ¿De qué modo venceremos la pereza y el apego a la rutina? ¿Cómo enfrentaremos el desafío de la coherencia?
 
El avance debe ser firme. Evita tomar decisiones tan radicales que contradigan al sentido común, o que no consigas mantener. Es mejor tomar resoluciones que puedas poner en práctica desde el primer momento, incluso en pequeña escala. “Apresúrate despacio”, dice un antiguo proverbio popular. Los pequeños pasos hacen viable el camino y, con el tiempo, producirán oportunidades para que podamos dar pasos más grandes. Las transformaciones graduales son más fáciles de administrar.
 
Es oportuno crear prácticas diarias simples, viables, que refuercen las decisiones tomadas. Veamos algunos instrumentos utilizados por diferentes personas, según su temperamento e inclinación individual:
 
* Reflexionar o meditar diariamente sobre su proceso de autoperfeccionamiento;
 
* Observar, a lo largo del día, algunos momentos de silencio y recogimiento mental;
 
* Mantener un cuaderno de notas en el que son registradas las principales lecciones aprendidas a lo largo del camino;
 
* Reafirmar mentalmente su propósito de vida, después de despertarse, por la mañana, y antes de ir a dormir, por la noche.
 
La decisión de cambiar la rutina exige coraje, determinación y sacrificio. Debemos renunciar a los viejos “rituales” inconscientes de pérdida de tiempo y desperdicio de energía, a los cuales nos apegábamos.
 
La renuncia a los hábitos anteriores requiere austeridad, una práctica espiritual que puede ser definida como “indiferencia con relación a la comodidad personal”. El nombre sánscrito que corresponde a la austeridad es tapah (pronunciación: tapas). Este es uno de los conceptos más importantes de la tradición esotérica, porque es su práctica la que fortalece la voluntad propia, sin la cual no podríamos hacer nada útil en la vida.
 
Tapah no es una actitud dura o insensible. La verdadera austeridad es una señal externa de que tenemos una voluntad madura de autoconocimiento, y de que un fuego divino quema lo negativo que hay en nosotros, mientras ilumina el conjunto de nuestra conciencia. Etimológicamente, la palabra tapah significa “aquello que brilla como el fuego o el sol”. La vida enseña que una pequeña dosis de austeridad nos libera de grandes fuentes de sufrimiento.
 
¿Cuál es el secreto, entonces, para cumplir las promesas de Año Nuevo?
 
Debemos definir con claridad y reexaminar regularmente nuestras metas para el futuro a corto y a largo plazo. Debemos trabajar con calma y creatividad en función de ellas. Debemos recordar que la existencia de obstáculos es indispensable para el aprendizaje. Al enfrentar y vencer los desafíos, comenzamos a conocer, gradualmente, el secreto del éxito en el arte de plantar buen karma.
 
La clave del secreto, según la filosofía oriental, está en la combinación correcta de los significados profundos de cinco palabras: 1) altruismo; 2) perseverancia; 3) autoestima; 4) autoconocimiento; y 5) autocontrol.
 
NOTAS:
 
[1] “A Book of Quotations”, de Robert Crosbie, Theosophy Co., Mumbai, 108 pp., India, p. 5. El libro está disponible en PDF en nuestros sitios web asociados.
 
[2] “A Arte de Viver”, Epicteto, versión de Sharon Lebell, Ed. Sextante, RJ, 2000, 160 pp., ver pp. 20-21.
 
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El artículo “Para Comenzar el Año Nuevo” fue publicado en nuestros sitios web el  03 de enero de 2019. Título original: “Para Começar o Ano Novo”. La traducción del portugués es de Alex Rambla Beltrán, con apoyo de nuestro equipe editorial, del cual forma parte el autor.
 
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El 14 de setiembre de 2016, un grupo de estudiantes decidió crear la Logia Independiente de Teósofos. Dos de las prioridades de la LIT son aprender lecciones prácticas del pasado y construir un futuro saludable
 
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