El Tipo Correcto de
Atención da Lugar a la Victoria
 
 
Carlos Cardoso Aveline
 
 
 
 
 
La vida económica, política y social experimenta ahora rápidos cambios cuyos resultados finales no se pueden saber.
 
Cada aspecto de la civilización actual está pasando por una transmutación que produce múltiples efectos, positivos y negativos.
 
Nadie es un simple espectador.
 
Las acciones de un individuo afectan a todos. En otras palabras, uno debe ser consciente del efecto dominó o la ley de la interacción. La teoría de la complejidad confirma el efecto mariposa, según el  cual un pequeño acontecimiento puede ser capaz de cambiar el mundo entero.
 
Sería poco inteligente, e ineficaz, ignorar el efecto espejo. La ley de la reciprocidad opera en todas las interacciones. Cada ser humano ve reflejos psicológicos suyos en las otras personas. Por lo tanto, ahora mismo es el momento adecuado para actuar en paz y con serenidad, con el fin de no expandir las fuentes de los problemas, en primer lugar, y para reducirlas tanto como sea posible, a través de acciones cooperativas inteligentes.
 
Donde hay buena voluntad, hay un camino saludable. 
 
Es mejor cometer errores por ser demasiado prudente que por ser descuidado. Con base en la realidad concreta de cada uno,  se puede decidir individualmente qué medidas prácticas tomar.
 
Un punto decisivo consiste en mantener un estado mental activo y elevado, centrado en el esfuerzo constructivo. Cada día marca la diferencia: la velocidad de los acontecimientos es enorme. Respecto a los peligros, individuales y colectivos, debemos construir una estrategia preventiva que incluya todos los departamentos de la vida.
 
El hecho de saber que estamos haciendo hoy lo que depende de nosotros nos da un profundo sentimiento de tranquilidad. Uno siempre puede practicar la disciplina de la acción correcta de acuerdo con sus posibilidades. Una conciencia limpia y clara nos permite no preocuparnos demasiado por aquello que no es nuestro deber realizar.
 
En tiempos de calamidad, uno debe recordar que la muerte no existe, excepto en el plano físico. Solo el yo inferior muere. La reencarnación – gilgul, movimiento circular o reciclaje, en el judaísmo – es un hecho bien conocido en la naturaleza. Sin embargo, el cuerpo físico y el yo “personal” son instrumentos valiosos del espíritu. Lo correcto es preservar estas herramientas por medios honestos mientras cooperamos con nuestros semejantes.
 
En circunstancias peligrosas, debemos usar el sentido común para evitar cometer dos errores infantiles:
 
1) El primer error es una actitud de pasividad indiferente con relación a los cambios sociales que son potencialmente catastróficos. El presente pasar de página en la historia humana ocurre en todas las esferas de la vida al mismo tiempo. El efecto mariposa significa que un individuo de buena voluntad tiene la posibilidad de marcar una gran diferencia, aunque su contribución tiende a permanecer invisible e ignorada por todos. Y esto es correcto, porque sembrar es mejor que cosechar.
 
2) El otro error que debe ser evitado es tener un nivel excesivo de ansiedad personal, algo que hace más difícil desarrollar acciones eficientes. El egoísmo no debería estar en la agenda. El pánico es peor que inútil. El hecho de saber que estamos haciendo lo mejor que podemos es una fuente de serenidad interior.
 
Las acciones generosas que buscan defender la vida son un deber y un privilegio. Si aprovechamos las oportunidades positivas que nos rodean ahora mismo, otras potencialidades luminosas se volverán visibles.
 
En la tradición judaica, Simón el Justo solía decir:
 
“El mundo se sustenta sobre tres cosas: la Torá [la Ley], la adoración de lo que es divino, y los actos de bondad amorosa”. [1]
 
Esta declaración fundamental implica que el mundo se desmorona cuando el sentido del deber, o la Ley, es demasiado débil, o cuando el mundo divino es olvidado y el sentimiento de bondad respetuosa es dejado de lado.
 
Los tres puntos destacados por Simón el Justo son las fuentes morales de la paz social, y la ausencia de ellos es el origen del caos social (y político). Estos principios, o su ausencia, allanan el camino para el comienzo y el final de las civilizaciones.
 
¿Cómo seguir nuestro libre albedrío y elegir acciones individuales adecuadas?
 
Si queremos preservar el sentido común y desarrollar acciones correctas en tiempos difíciles, hay que seguir algunas reglas. Hace casi 2000 años, varias de ellas fueron enseñadas por Epicteto. El filósofo estoico del mundo clásico dijo:
 
“La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Solo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior”.
 
La tranquilidad interior y la eficacia exterior son dos cosas que uno debe preservar y expandir en el siglo XXI.  
 
Epicteto clarifica:
 
“Bajo nuestro control están las opiniones, las aspiraciones, los deseos y las cosas que nos repelen. Estas áreas constituyen con bastante exactitud nuestra preocupación, porque están directamente sujetas a nuestra influencia. Siempre tenemos la posibilidad de elegir los contenidos y el carácter de nuestra vida interior. Fuera de nuestro control, sin embargo, están cosas como el tipo de cuerpo que tenemos, el haber nacido en la riqueza o el ganarse de pronto una fortuna, la forma en que nos ven los demás y nuestra posición en la sociedad. Debemos recordar que estas cosas son externas y por consecuencia no constituyen nuestra preocupación. Tratar de controlar o cambiar lo que no podemos tiene como único resultado el tormento”.
 
El filósofo estoico dice que uno debe recordar lo siguiente:
 
“Las cosas que están dentro de nuestras posibilidades se encuentran naturalmente a nuestra disposición, libres de toda restricción u obstáculo; pero aquellas que están fuera de nuestro alcance son débiles, dependientes o determinadas por los caprichos y acciones de otros”.
 
Epicteto señala el camino hacia la frustración, para que uno pueda evitarlo con más facilidad:   
 
“Recordemos, también, que si creemos que tenemos poder sobre cosas que naturalmente se encuentran más allá de nuestro control, o si intentamos adoptar los asuntos de otros como propios, nuestros esfuerzos serán desviados y nos convertiremos en personas frustradas, ansiosas y que tienen una tendencia a criticar a los otros”. [2]
 
La calidad de los pensamientos y sentimientos de uno es una responsabilidad personal.  Constituye un grave error dejar que la mente sea dirigida por deseos y miedos subconscientes.
 
La dispersión mental no es un error inocente, y puede provocar la muerte. El Pirke Avoth dice que interrumpir por descuido el estudio de las enseñanzas espirituales de uno atrae la destrucción hacia el individuo imprudente, o hacia la sociedad. [3]
 
El comportamiento trivial produce calamidades. Irving M. Bunim señala:
 
“Nuestra capacidad mental y el alcance de nuestra atención son, en última instancia, limitados. Cuando las trivialidades toman el control, las enseñanzas antiguas […] deben ciertamente desaparecer. El que adopta deliberadamente mil y una sandeces inútiles en lugar de los principios de la ley y de la sabiduría [espirituales], sin duda comete un pecado que le costará su propia alma”. [4]
 
El equilibrio y el sentido común estimulan la buena voluntad, que a su vez abre la puerta a la bienaventuranza. Es poco inteligente olvidar que el estado de una comunidad refleja el estado de las mentes y almas que la componen. La manera efectiva de mejorar la sociedad consiste en expandir la consciencia. El tipo correcto de atención, al mirar la realidad, produce un sentido de responsabilidad común que derrota el egoísmo y evita el dolor innecesario.
 
NOTAS:
 
[1] “Ethics from Sinai”,  de Irving M. Bunim (an eclectic commentary on Pirke Avoth), edición en tres volúmenes, Philipp  Feldheim, Inc., New York, copyright 1964, volumen I, Perek I, Mishnah 02, p. 38. Ver también Perek 1, Mishnah 18, página 106 en el mismo volumen, donde el instructor Simeón ben Gamaliel menciona principios equivalentes al decir; “Por medio de tres cosas perdura el mundo: verdad, justicia y paz”.
 
[2] “The Art of Living”, Epictetus, a new interpretation by Sharon Lebell, HarperSanFrancisco, New York, copyright 1994, first edition, 114 pp., p. 03.
 
[3] “Ethics from Sinai”, de Irving M. Bunim, Philipp Feldheim, Inc., New York. Véase  el vol. I, Perek III, Mishnah 09, p. 266: “A alguien que, viajando por un camino y repasando las enseñanzas de la Torá que ha aprendido, interrumpe su estudio y dice: ‘¡Qué hermoso es ese árbol, qué bello ese campo!’, las Escrituras lo consideran culpable de un pecado que deberá pagar con su vida”. El peregrino debe tener la vigilancia exhaustiva y sosegada de un guerrero en una batalla. Ver también la Mishnah 10, página 270 del mismo volumen.
 
[4] “Ethics from Sinai”, Irving M. Bunim, vol. I, Perek III, Mishnah 10, p. 272.
 
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El artículo “Haciendo lo Que Depende de Nosotros” es una traducción del inglés y ha sido hecha por Alex Rambla Beltrán, con apoyo de nuestro equipo editorial, del cual forma parte el autor. Título original y link: “Doing What Depends on Us”. El texto en inglés está publicado también en nuestro blog en “The Times of Israel”. La publicación en español ocurrió el  05 de abril de 2020.
 
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Haga clic para ver las enseñanzas de Epicteto en la parte final del extraordinario libro “Tabla de Cebes y Textos de Musonio y Epicteto”.
 
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