La Fuerza Clásica del Inca Garcilaso

Hay en su Obra una Verdad Profunda
Que no se Basa en la  Realidad Externa

 

Max Hernández

 

La Fuerza Clásica del Inca Garcilaso

El libro “Memoria del Bien Perdido”, abierto y
mostrando el retrato del Inca Garcilaso de la Vega.

 

 

Se ha discutido, y mucho, el problema del valor historiográfico de la obra del Inca [Garcilaso de la Vega]. Robertson en el siglo XVIII, Prescott y Menéndez y Pelayo en el siglo XIX, pusieron en entredicho la confiabilidad de la obra en términos históricos. Entre nosotros, Gonzáles de la Rosa lo acusó, además, de plagiario. Se ha dicho que como testigo de los hechos fue parcial y que los complicados datos sobre los que intentó su comprensión histórica resultaron, a la postre, deformados por su síntesis. Riva Agüero, Luis Alberto Sánchez, Miró Quesada y Durand han defendido el valor de un ejercicio histórico sostenido en tan complejo trance como aquel que le tocó vivir al autor mestizo. Rostworowski, Wachtel, Flores Galindo y Burga han subrayado las diferencias entre la manera de historiar de Garcilaso y el modo andino de recordar y de evocar. Zamora y Mac Cormack han constatado que la trama del texto histórico del Inca  se organiza de acuerdo a lo mejor de la historiografía renacentista. No tengo los conocimientos para opinar al respecto. Hay en su obra una verdad profunda que no se basa en la semejanza del relato con la realidad verificable. En este sentido, vale la pena recordar las palabras de Arnold Toynbee:

 

“En el rol de vínculo entre dos culturas dramáticamente diferentes, Garcilaso es un documento en sí mismo: uno de esos documentos humanos que pueden ser más iluminantes que cualquier registro inanimado, sea que éste tenga la forma de hileras de nudos amarrados a lo largo de cuerdas o de hileras de letras trazadas sobre papeles”. [1]

 

Las informaciones que recogió sobre el mundo andino, sus testimonios de primera mano, sus vivencias personales, su conocimiento del idioma, su inmersión en las costumbres de los incas y la lectura “comento y glosa” de los textos que leyó sobre el Perú afirman su calidad de observador-participante de su cultura. Pero Garcilaso fue más allá. Logró verter en la estructura canónica e imperial de la lengua española los símbolos con los cuales se identificaba la sociedad incaica. No fue pues solamente un observador-participante, fue un portador de símbolos. No está de más recordar la afirmación de Benveniste en el sentido de que el símbolo sujeta el enlace viviente que une hombre, lengua y cultura.

 

NOTA:

 

[1] Toynbee, Arnold, “The Royal Commentaries of the Incas and the General History of Peru”, Ed. H. V. Livermore. Austin, University of Texas Press, 1966, p. xii.

 

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Reproducido del libro “Memoria del Bien Perdido – Conflicto, Identidad y Nostalgia en el Inca Garcilaso de la Vega”, de Max Hernández, copyright Sociedad Estatal Quinto Centenario, España, 1991, 210 páginas, ver páginas 18-19.  Parte de este fragmento ha sido publicada en “El Teósofo Acuariano”, Enero 2022, pp. 12-13.

 

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Helena Blavatsky (foto) escribió estas palabras: “Antes de desear, trata de merecer”. 

 

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