El Verdadero Poder es el Poder
De Ayudar a la Vida Como un Todo
 
 
Carlos Cardoso Aveline
 
 
 
El fuego es el elemento que corresponde al Sol y al signo de Leo
 
 
 
Comenzando en torno al 23 de julio, el signo de Leo expande en el corazón humano las virtudes luminosas como el coraje, el amor y la lealtad.
 
Gobernado por el Sol, Leo ilumina el conjunto de la vida. Estimula tanto la generosidad como la autoconfianza, y las dos son necesarias para ser sincero.
 
Las formas egoístas de orgullo deben ser evitadas cuando el Sol está en Leo, porque son distorsiones superficiales del sentimiento de autoestima y solo conducen a la decepción y pérdida de tiempo.
 
Leo es el signo de los reyes y la realeza, del liderazgo duradero y de la nobleza auténtica de corazón.
 
Un Maestro oriental de Sabiduría mencionó tres cualidades – necesarias para quien busca el conocimiento divino – que se relacionan con los aspectos superiores de la consciencia leonina. Él escribió que el aprendiz debe tener en mente siempre estas palabras de Tennyson:
 
“Autorrespeto, autoconocimiento, autocontrol: solo estos tres dan a la vida un poder soberano”.[1]
 
Leo es el quinto signo del zodíaco. Aquí el alma observa la vida desde el punto de vista de su centro. El fuego solar de Leo irradia vigor y vitalidad a quien está a su alrededor. El signo es “un período de fuerte crecimiento y de un glorioso calor”.
 
En términos físicos y espirituales, Leo y el Sol gobiernan el corazón de los seres humanos. Psicológicamente, “Leo representa la búsqueda del Yo a través del impulso creador y del deseo de influenciar el entorno inmediato para que este refleje favorablemente  la identidad  individual  del  ego”.[2]
 
Leo siente la necesidad profunda de ser visto como un líder confiable, que quiere el bien de los liderados.
 
El signo del Sol enseña que ser un rey o jefe de Estado significa vivir para beneficiar al pueblo. El verdadero poder es el poder de ayudar a la Vida como un todo. Para ser feliz, el nativo de Leo necesita tener como meta beneficiar tranquilamente a los demás, con una actitud interiormente firme, luminosa y estable.
 
El León, el Oro y los Siete Rayos
 
Helena Blavatsky escribe que “el Sol da vida a todo el sistema solar; la Luna da  vida a  nuestro  globo”.[3]
 
El signo de Leo se correlaciona con el oro, entre los metales, y transmite a los seres humanos el magnetismo luminoso del centro de la existencia. “Leo responde a los estímulos de la vida con un espíritu de entusiasmo, pero con estabilidad, transmitiendo una fuerza constante a cualquier emprendimiento”. [4]
 
Hay una dimensión colectiva en nuestro astro rey, porque el Sol tiene siete rayos místicos que se relacionan con los diferentes estados de consciencia.
 
Blavatsky escribe:
 
“Los nombres de los Siete Rayos – Sushumna, Harikesa, Viswakarman, Viswatryarchas, Sannaddha, Sarvavasu y Swaraj – son todos místicos, y cada uno tiene su aplicación específica en un estado diferente de consciencia, para propósitos ocultos. El Sushumna, que, tal como se dice en el Nirukta (II, 6), existe solamente para iluminar la Luna, es, sin embargo, el rayo venerado por los Yoguis iniciados. La totalidad de los Siete Rayos, esparcida por el sistema solar, constituye, por así decirlo, el Upadhi físico (la base) del Éter de la Ciencia; y en este Upadhi, la luz, el calor, la electricidad, etc., etc. – las fuerzas de la ciencia ortodoxa – se correlacionan para producir sus efectos terrestres. En cuanto a los efectos psíquicos y espirituales, estos emanan de, y se originan en, el Upadhi suprasolar, en el éter del Ocultista, o Akasha”. [5]
 
La energía de Leo es septenaria, por tanto. Ella incluye al mismo tiempo el contraste y la unidad entre Tierra y Cielo. El contraste nos invita a aprender y evolucionar. La alquimia del autoconocimiento posibilita que el calor del Sol y de Leo se transforme en luz, y que una luz estrecha surja gradualmente como luz universal, como amor y comprensión impersonales, Luz Espiritual.
 
Blavatsky explica:
 
“La luz y el calor son el espíritu o la sombra de la materia en movimiento”.
 
Y ella cita, en una nota a pie de página, un fragmento de la obra “Fluid Theory of Light and Heat”, de Leslie:
 
“No hay ninguna diferencia fundamental entre la luz y el calor… cada uno es meramente la metamorfosis del otro… El calor es luz en completo reposo. La luz es calor en movimiento rápido. Cuando la luz se combina con un cuerpo, se convierte en calor, pero cuando es emitida por ese cuerpo se convierte de nuevo en luz”. [6]
 
La tarea más elevada del nativo de Leo es liberar a las energías vitales – dadas por el Sol – de la prisión ciega de las formas externas, y garantizar que el alma use las estructuras concretas, sin ser asfixiada por ellas. Esta tarea de trascendencia es compartida por los otros signos del zodíaco.
 
El orgullo resulta de la falsa identificación de la vida con la forma exterior y personal. La verdadera majestad, por otro lado, surge de una comprensión básica: la luz auténtica no puede ser limitada por muros o paredes.
 
Todos los seres tienen el factor Leo en su naturaleza interior y en su mapa astral. Cada forma de vida tiene una profunda dignidad en sí misma. La “sangre real” del Sol está presente en todos los átomos del sistema solar.
 
No hay fronteras para la luz espiritual del Sol. Todos somos, por tanto, descendientes de Atma, que representa el espíritu de las estrellas. Cada hombre y cada mujer tienen sangre noble en sus venas espirituales y tarde o temprano deben aprender a vivir a la altura de este hecho.
 
La Serenidad Para los Espíritus de Fuego
 
El proceso de autoperfeccionamiento es complejo y lleva tiempo. La vida no siempre es fácil, y el fuego es el elemento que corresponde a Leo. Al discutir la relación entre los signos y los elementos, el astrólogo Stephen Arroyo cita a Paracelso. Los espíritus de la naturaleza que corresponden al elemento fuego son las salamandras, y ellas pueden ser controladas a través de la serenidad.
 
Arroyo escribe:
 
“Los signos de fuego [Aries, Leo y Sagitario] pueden evitar los usos extremos de su energía cultivando conscientemente un estado de contentamiento sereno y tranquilo. Si los signos de fuego aprenden el arte de aceptar con calma la vida en el aquí y ahora, se liberarán de gran cantidad de tensión y desperdicio de energía”. [7]
 
Cuando comprenden el carácter septenario del Sol, los estudiantes de filosofía pueden construir en la vida diaria una relación mejor con la esencia espiritual de la vida celeste.
 
NOTAS:
 
[1] “Cartas dos Mestres de Sabedoria”, Ed. Teosófica, Brasília, primeira série, Cartas Para e Sobre L. C. Holloway, p. 148.
 
[2] “Illustrated A-Z of Understanding Star Signs”, editor geral Kim Farnell; Flame Tree Publishing, London, Printed in China, 2002, 224 pp., p. 106.
 
[3] The Secret Doctrine”, volumen I, p. 386.
 
[4] “Illustrated A-Z of Understanding Star Signs”, editor geral Kim Farnell; Flame Tree Publishing, London, Printed in China, 2002, 224 pp., p. 106.
 
[5]The Secret Doctrine”, volumen I, p. 515, nota al pie.
 
[6]The Secret Doctrine”, volumen I, en la misma página 515, otra nota al pie.
 
[7] Fragmento del libro “Astrology, Psychology, and the Four Elements”, de Stephen Arroyo, M.A., CRCS Publications, California, EUA, 191 pp., 1975, p. 107.
 
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El artículo “La Lección del Sol en Leo” es una traducción del portugués y la tarea ha sido hecha por Alex Rambla Beltrán con apoyo de nuestro equipo editorial, del cual forma parte el autor. Texto original: “A Lição do Sol em Leão”. La publicación en español ocurrió el 10 de agosto de 2021.
 
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