
El Pensador Procuraba Negar los
Principios de la Ética, de la Filosofía
Esotérica y de la Sabiduría Oriental
Carlos Cardoso Aveline

El pensamiento de Carl G. Jung (1875-1961) contraría las formas honestas de compromiso ético, mientras ataca las bases de la sabiduría universal.
La cosmovisión de Jung no se armoniza con la teosofía, porque se opone a una postura humanitaria y de respeto por la vida. Varios textos publicados en nuestros sitios web contribuyen a clarificar este punto.[1] Avanzando en la tarea de identificar la paja y el trigo en el mundo de las ideas, examinaremos ahora lo que el propio Jung escribió en su correspondencia personal.
1. Considerando al Yoga Oriental Incompatible con Occidente
Al contrario de lo que enseñan las filosofías universales y la teosofía, Jung escribió que la sabiduría oriental no es aplicable a Occidente. En una carta dirigida a Oskar A. H. Schmitz y datada de 1923, afirmó:
“Desde que consideré tanto los métodos psicoanalíticos como los psicosintéticos como medio de autoperfeccionamiento, su comparación con los métodos del yoga me pareció sumamente instructiva. Pero creo que se debe enfatizar que se trata solamente de una analogía, dado que muchos europeos hoy en día tienen la tendencia de transferir inadvertidamente ideas y métodos orientales a la mentalidad occidental. Esto, según mi opinión, no es una ventaja para nosotros ni para estas ideas. Pues lo que nació del espíritu oriental se basa en la historia específica de una mentalidad sustancialmente diferente de la nuestra. Esos pueblos tuvieron un desarrollo ininterrumpido desde el estado primitivo de la polidemonía natural hasta el politeísmo en su forma más esplendorosa, y de ahí a la religión de las ideas en la cual fue posible desarrollar la praxis originalmente mágica de un método de autoperfeccionamiento. Estos antecedentes no son válidos para nosotros”. [2]
2. Proponiendo un Primitivismo Demonista Alemán
En la misma carta de 1923, Jung defiende la ideología racista e irracional que ya era políticamente dominante en Alemania en aquel momento. Él contraría frontalmente todas las ideas teosóficas, pero coincide con el nazismo al imaginar delirantemente que existe una “raza” alemana, y al escribir lo siguiente contra el estudio del yoga:
“Cuando la raza alemana se encontró con el cristianismo romano, estaba todavía en el estado terminal de la polidemonía y en los inicios del politeísmo. Pero aún no había un verdadero sacerdocio y un culto organizado. Al igual que los robles de Wotan, los dioses fueron derribados, y sobre los tocones se instaló el cristianismo incongruente, surgido de un monoteísmo de un plano cultural mucho más elevado. El pueblo germánico padece esa atrofia. Tengo buenas razones para suponer que cada paso más allá del presente ha de empezar allí abajo, junto a los demonios cortados de la naturaleza. Esto significa que hay necesidad de recuperar una buena cantidad de primitivismo. Me parece, por tanto, que es un grave error plantar sobre nuestro estado ya atrofiado otro arbusto extraño. Con ello, el prejuicio original se vuelve peor. Esta ansia por lo extraño y lo distante es enfermiza. Además, es imposible que avancemos en nuestro estado cultural actual si no recibimos un impulso por parte de nuestras raíces primitivas” (p. 55).
3. Defendiendo Una Visión Antievolutiva de la Historia
A continuación, Carl Jung formula explícitamente la propuesta antievolutiva. Pretende “volver atrás” culturalmente, lo que también coincide con el primitivismo nazi. Prefiere ignorar completamente el hecho de que las raíces del ser humano no son materiales, sino que están en lo alto, en el espíritu, en el alma inmortal, y por eso defiende la negación de la razón:
“Pero solo recibiremos este impulso si retrocedemos, en cierto modo, desde nuestro estado actual de cultura y damos una oportunidad para que el hombre primitivo reprimido que hay en nosotros se desarrolle. Cómo debe ocurrir esto es una incógnita cuya solución busco desde hace años. Como usted sabe, soy médico y, por ello, estoy condenado a poner mis especulaciones bajo las ruedas de la realidad. La ventaja de esto es que garantiza que todo lo que no sea suficientemente firme acabe siendo triturado. Este hecho me llevó por el camino contrario del que usted parece seguir en Darmstadt. Tengo la impresión de que usted construye por arriba, como si edificara sobre lo que ya existe. Sin embargo, lo que ya existe está podrido. Necesitamos, en parte, nuevos fundamentos. Por eso debemos cavar en dirección a lo primitivo. Solamente del conflicto entre el hombre civilizado de hoy y el hombre primitivo germánico surgirá lo que necesitamos, a saber, una nueva experiencia de Dios. No creo que este objetivo pueda ser alcanzado mediante ejercicios artificiales” (pp. 55-56).
Después del mismo texto, y avanzando en su teorización simpática a Hitler, Jung ataca la teosofía. Afirma que ella no tiene una base firme. Para él, víctima de la ilusión de la violencia autoritaria, es “señal de debilidad” no apelar a los sentimientos más primitivos, bajos y agresivos del ser humano. Rechaza la teosofía porque ella evoca sentimientos nobles y elevados y porque la visión teosófica del ser humano se construye desde lo alto, desde el alma inmortal. Jung escribe:
“Evidentemente, no se debe hacer ninguna comparación entre Darmstadt y la teosofía, pero me parece que en ambos casos existe el mismo peligro: se construye una casa nueva sobre los fundamentos viejos e inestables, se pone vino nuevo en odres viejos. Con ello se tapan las averías existentes, pero la construcción nueva no permanece firme. La persona debe, antes que nada, ser cambiada desde el interior; en caso contrario, simplemente asimilará el nuevo material al esquema antiguo” (p. 56).
Para Jung, el “interior” de la persona es el yo inferior. No conoce otra cosa.
4. Haciendo un Ataque a Rudolf Steiner y la Antroposofía
El movimiento antroposófico es oriundo del movimiento teosófico. Rudolf Steiner (1861-1925), el fundador de la antroposofía, fue inicialmente un teósofo. La filosofía antroposófica tiene muchos puntos importantes en común con las ideas básicas de la filosofía esotérica. Steiner es un ejemplo de pensador ético, universalista y humanitario.
En una carta de 1935, Carl Jung deja claro que, para lo que está tratando de hacer, el pensamiento de Steiner es inútil. Jung prefiere apegarse al punto de vista materialista. Aprovecha para dejar claro una vez más que no ve nada positivo en la sabiduría hindú:
“Ya leí algunos libros de R. Steiner y debo confesar que no encontré nada en ellos que me fuera útil de alguna forma. Usted debe entender que no soy un profeta, sino un investigador. Me interesa lo que se puede constatar mediante la experiencia. No me interesa en absoluto aquello sobre lo que no se puede especular con pruebas empíricas. Todas las ideas que Steiner defiende en sus libros pueden encontrarse en las fuentes hindúes. Dejo tranquilamente de lado lo que no puedo demostrar en el campo de la experiencia humana. Y cuando alguien dice saber más al respecto, le pido que me presente las pruebas pertinentes”. [3]
5. Descalificando la Teosofía y la Antroposofía
En la misma carta, Jung descalifica también la teosofía. La acusa otra vez de no ser lo suficientemente densa y física como para que pueda ser “comprobada” en el plano de la realidad material. Afirma haber leído mucho sobre teosofía, pero se percibe fácilmente que la experiencia fue inútil.
Jung escribe:
“No solamente he leído alguna cosa sobre antroposofía, sino también mucho sobre teosofía. Además, he conocido a muchos antropósofos y teósofos, pero a mi pesar siempre he constatado que estas personas imaginan y afirman todo tipo de cosas para las que no tienen prueba alguna. No tengo ningún prejuicio contra los mayores milagros si alguien me da las pruebas necesarias. No dudo en defender una verdad cuando reconozco que es demostrable. Pero evitaría propagar aquello que, con afirmaciones no comprobadas, pretende construir un sistema mundial sin ninguna piedra de apoyo sobre la superficie de esta tierra. Mientras Steiner no esté en condiciones de leer las inscripciones hititas pese a afirmar comprender el lenguaje de la Atlántida, que nadie sabe si existió, no hay razón para entusiasmarse por lo que él dijo” (p. 216).
6. Procurando Negar la Ley del Karma
La ley del karma afirma que “lo que se siembra, se cosecha”. Es la ley del equilibrio, de la justicia y de la armonización constante de todas las cosas.
En contraste con la Ley, una característica esencial de las visiones antievolutivas de la vida consiste en que estas intentan negar la existencia de la inevitable responsabilidad kármica. Siempre que las circunstancias lo permiten, los defensores de las visiones antievolutivas de la vida tratan de postergar los efectos de la ley del karma o huir de ellos.
Mientras que la percepción correcta del funcionamiento de la Ley de las causas y consecuencias conduce a una visión ética de la vida y a la confianza en el futuro, las “filosofías” antievolutivas – entre ellas el nazismo y el junguismo – insisten en evitar la clara aceptación de la Ley.
En 1937, Jung tenía más de 60 años cuando escribió una carta al swami Devatmananda. En ella, se muestra coherente con la postura primitivista e irracional defendida en los años 1920. Jung comienza por negar que el ser humano busca comprender lo infinito:
“No sé por qué hay personas que tienen la voluntad o la ambición de alcanzar lo ilimitado. No soy filósofo, sino un empírico. Pero admito que hay personas así”.
Después, Jung ataca la ley del karma y defiende su posición materialista:
“Sé que en Oriente se explica la peculiaridad del carácter individual a través de la doctrina del karma. Es una doctrina en la que se puede creer o no. Como no soy filósofo, sino un empírico, me faltan pruebas objetivas. La ciencia no tiene respuestas a las preguntas que sobrepasan las posibilidades humanas. No tenemos pruebas de la existencia objetiva de la psique independiente del cerebro vivo. En todo caso, no hay ninguna posibilidad de demostrar la existencia de un supuesto estado psicológico independiente del cerebro humano. Podemos hacer todo tipo de suposiciones sobre ese estado puramente hipotético, pero la respuesta será, siempre y necesariamente, una mera especulación. Tal vez esto satisfaga la necesidad humana de creer, pero no el deseo de saber”. [4]
Carl G. Jung usaba constantemente el recurso político de la ambigüedad deliberada, una táctica utilizada también por los nacionalsocialistas alemanes.
Este procedimiento le permitió escribir, en otras ocasiones, textos en los que muestra una aparente simpatía – superficial y sin fundamento – hacia el yoga. Esto se observa, por ejemplo, en una carta de 1942. [5]
7. Negando su Apoyo al Movimiento por la Paz
Es natural que un pensador razonablemente lúcido, actuando en el campo de la ciencia y la psicología, sea un defensor de la armonía entre los pueblos y busque promover una cultura pacífica en la sociedad que lo rodea.
Jung, sin embargo, se oponía a la educación por la paz. En enero de 1941, la Segunda Guerra Mundial estaba en auge. Los nazis tenían expectativas de vencer, y Jung se negó a participar en una conferencia internacional por la fraternidad entre los pueblos. Escribió lo siguiente a la secretaria general de la “Unión Mundial de Mujeres por la Concordia Internacional”, en Ginebra:
“Estoy de acuerdo con usted en que sería deseable hacer que la humanidad se volviera más razonable a través de la instrucción y la buena voluntad. Pero ¿bastan las buenas intenciones para impresionar a las personas? Si las personas fueran impresionables, la última guerra, con todas sus atrocidades, habría sido una lección. Evidentemente no ha habido efecto alguno, pues tras apenas una generación todo ha sido olvidado. Tengo la impresión de que es inútil querer educar al pueblo mediante palabras e instrucciones. Este ha de ser conmovido, pues solo los que están conmovidos consiguen conmover a los demás. El espíritu no puede ser aprendido; es dado por la gracia de Dios, pero no puede ser adquirido por la fuerza ni a través del intelecto. Si todas las personas de buena voluntad intentasen solucionar los conflictos en su ambiente próximo y eliminar sus causas del mundo, y si se esforzasen en liberarse de la influencia externa, entonces podrían, al menos, ser un ejemplo. Y, obviamente, los ejemplos son más eficaces que las palabras. En diez conferencias no podría añadir nada a lo que digo aquí. Sé que esta concepción no es brillante ni convincente y que, debido a su simplicidad, no será popular. Pero es mi convicción y, por ello, no podría decir otra cosa. Como este punto de vista no coincide con el objetivo de su asociación, es mejor que no incluya mi nombre entre sus conferencistas”. [6]
Usando el recurso de la ambigüedad deliberada, Jung afirma – de la manera más hábil posible – que no cree en la lucha por la creación de una cultura pacífica. Para él “es inútil querer educar al pueblo mediante palabras e instrucciones”. Naturalmente, no puede decirse que la ignorancia espiritual demostrada por Jung en esta ocasión (1941) se deba a su poca edad, pues tenía 65 años.
8. El Uso Constante de la Ambigüedad Deliberada
Puede parecer extraño el hecho de que Jung se refiera, en el fragmento anterior, a supuestas dádivas de la “gracia de Dios” al mismo tiempo que se presenta como un empirista materialista capaz de negar incluso la ley del karma, una ley cuyo funcionamiento puede ser fácilmente observado en el día a día. Esta contradicción flagrante debe atribuirse al uso de la ambigüedad para fines políticos. Pocos días después de escribir la carta citada arriba, Jung esclarece, en una carta dirigida a otra persona, que siempre que habla de Dios aborda solo el proceso psicológico humano y no afirma nada sobre la existencia o inexistencia de la divinidad.
Este es el recurso político de la ambigüedad deliberada. Jung escribe:
“Cuando hablo, pues, de ‘Dios’, solo hablo de afirmaciones que no postulan su objeto. Sobre el propio Dios no he dicho nada, porque opino que nada puede decirse de Dios en sí. Todas las afirmaciones se refieren a la psicología de la imagen de Dios. Por tanto, la validez de esas afirmaciones nunca es metafísica, sino siempre psicológica. Por eso todas mis afirmaciones, reflexiones, constataciones, etc., no tienen ni la más remota relación con la teología. Solo son, como he dicho, afirmaciones sobre hechos psicológicos. Esta autolimitación indispensable en psicología es, en general, ignorada. De ahí surge la desastrosa confusión que da la impresión de que pretendo formular juicios metafísicos”. [7]
De hecho, el primitivismo antiético de Jung no le habría permitido abordar temas universales de modo claro o sincero.
9. El Escepticismo Ciego: “No Hay Nada Más Allá del Yo Inferior”
La teosofía concuerda, en un punto fundamental, con las filosofías clásicas de Oriente y Occidente y con las corrientes místicas de todas las grandes religiones. La teosofía afirma que la comprensión de la verdadera realidad se alcanza cuando el ser humano trasciende el “ego” o yo personal. De este modo, uno alcanza la supraconsciencia y desarrolla la inteligencia impersonal, transpersonal, universal: la consciencia del yo superior.
Esta percepción de la vida es vista como oriental por Jung. Y Jung demuestra su completa incapacidad de comprenderla en una carta de diciembre de 1938. En un párrafo confuso y contradictorio, afirma:
“La idea oriental que el señor Sturdy parece compartir es que el inconsciente, tal como yo lo entiendo, es consciencia o incluso supraconsciencia. Esto es, obviamente, una suposición metafísica. En general, yo permanezco dentro de nuestra consciencia occidental, la única especie de consciencia que conozco. Desconozco totalmente la naturaleza de la psique que trasciende la consciencia. Por eso precisamente la denominamos inconsciente. (…) No conocemos ninguna consciencia que no sea la relación entre imágenes y un ego. (…) El estado sin ego es totalmente ‘oscuro’, en el sentido de que está privado de la luz de la consciencia”. [8]
El budismo, las filosofías orientales y la teosofía afirman precisamente lo contrario. El yo personal o “ego” es ilusorio; la iluminación consiste en trascender el yo personal. Es el egoísmo el que está privado de la luz de la consciencia. La verdadera consciencia es metafísica, es decir, trascendental. Jung, por supuesto, se negaba a aceptar la metafísica.
10. “Psicoanalizando” a Kant Para Negar la Ética
En su obra “La Metafísica de las Costumbres” (1785), el filósofo Immanuel Kant propone su famoso imperativo categórico. Dos de las principales formulaciones de este principio moral son:
1) “Obra según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en una ley universal”.
2) “Obra como si la máxima de tu acción pudiera convertirse por tu voluntad en una ley universal de la naturaleza”.
El imperativo categórico de Kant es una formulación correcta de la ética universalista. Constituye una elaboración moderna, pero adecuada, de la “regla de oro” del Nuevo Testamento, que afirma:
“Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley” (Mateo 7:12).
Carl Jung, adoptando siempre el punto de vista antievolutivo, procura negar la ética kantiana, y lo hace de un modo que demuestra su profundo irracionalismo. Sin argumentos para atacar el precepto, Jung intenta descalificar al propio filósofo Kant. Jung se escabulle por completo del asunto para escribir el siguiente disparate:
“Una perfecta elucidación de este fenómeno en Kant solo sería posible si tuviéramos el suficiente material auténtico sobre su relación con su madre. También habría que tener en cuenta que él nunca se casó”. [9]
Jung intenta descalificar la visión ética de la vida atacando, sin lógica, al pensador que la formula. La táctica podría funcionar con individuos crédulos si el precepto filosófico formulado por Kant no trascendiese las situaciones personales, o si no perteneciese a las mejores tradiciones culturales, antiguas y modernas, de Oriente y Occidente.
Lo cierto es que, cinco siglos antes de Jesús, en la China antigua, Confucio ya enseñaba:
“Lo que no quiero que los demás me hagan a mí tampoco se lo hago yo a los demás”. [10]
La misma idea aparece en la filosofía griega de Pitágoras, que vivió medio milenio antes del inicio de la era cristiana. Sexto, el pitagórico, escribió en sus “Sentencias”:
“Sé hacia tu prójimo de la misma forma que quieras que tu prójimo sea hacia ti”. [11]
Diógenes Laercio, el biógrafo clásico de los filósofos antiguos, cuenta que en cierta ocasión le preguntaron a Aristóteles (382 a. C. – 322 a. C.) cómo debemos comportarnos con nuestros amigos. Y él respondió:
“Como nos gustaría que ellos se comportasen con nosotros”. [12]
Eso no es todo. El Antiguo Testamento de la “Biblia de Jerusalén” incluye el libro de Tobías, que según los investigadores cristianos fue escrito, probablemente, en el siglo II antes de la era cristiana. En él se encuentra el mismo principio:
“No hagas a nadie lo que no quieres que te hagan” (Tobías, 4:15).
Este es, pues, un principio presente en las más diferentes culturas y filosofías de todos los tiempos y lugares. La importancia del precepto es evidente para todo ser humano dotado de sentido común. Si Carl Jung prefirió ignorarlo, eso se debe, posiblemente, a un motivo bastante simple. Al contrario que Sigmund Freud y Erich Fromm – dos pensadores profundos y contrarios al nazismo -, Jung insistía en descalificar toda idea relacionada con la ética, y afirmaba desconocer cualquier verdad universal.
NOTAS:
[1] Véase por ejemplo el texto “La Teosofía y el Bardo Thodol”, y también el “Informe Sobre Jung y la Teosofía”, que forma parte del Teósofo Acuariano de noviembre de 2022.
[2] “Cartas – 1906-1945”, Carl G. Jung, volumen I, segunda edición, Editorial Vozes, Río de Janeiro, Brasil, 1999, 439 pp., p. 55.
[3] “Cartas – 1906-1945”, Carl G. Jung, obra citada, p. 216.
[4] “Cartas – 1906-1945”, Carl G. Jung, obra citada, p. 238.
[5] “Cartas – 1906-1945”, Carl G. Jung, obra citada, pp. 317-318.
[6] “Cartas – 1906-1945”, Carl G. Jung, obra citada, p. 302.
[7] “Cartas – 1906-1945”, Carl G. Jung, obra citada, p. 303.
[8] “Cartas – 1906-1945”, Carl G. Jung, obra citada, pp. 259-260.
[9] “Cartas – 1906-1945”, Carl G. Jung, obra citada, p. 312.
[10] “Los Cuatro Libros”, de Confucio, RBA Coleccionables, Barcelona, España, 2006, traducción, selección y notas a cargo de Joaquín Pérez Arroyo, Analectas, Libro V, versículo XI, p. 73.
[11] “The Pythagorean Sourcebook and Library”, compilación y traducción de Kenneth Sylvan Guthrie, Phanes Press, Michigan, EUA, 1987, 361 pp., p. 268, frase número 20 de las “Sentencias de Sexto el Pitagórico”.
[12] “Vidas e Doutrinas dos Filósofos Ilustres”, Diógenes Laercio, Editorial de la Universidad de Brasilia, 1987, segunda edición, 357 pp., p. 134.
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El artículo “Jung Escribe Contra la Teosofía” fue publicado en los sitios web de la Logia Independiente de Teósofos el 25 de febrero de 2026. Forma parte también de la edición de enero de 2023 de “El Teósofo Acuariano”, pp. 6-13. Se trata de una traducción, hecha desde España por el teósofo Alex Rambla Beltrán. Texto original: “Jung Escreve Contra a Teosofia”. En algunas partes de la traducción se ha tenido en cuenta la versión en inglés del artículo: “Jung Writes Against Theosophy”.
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