El Reformador Nazareno Recibió
Su Educación en Viviendas Esenias
 
 
Helena P. Blavatsky
 
 
 
Jesús prefirió la vida independiente de
un nazaria errante [Pintura de William Dyce]
 
 
 
A un contemporáneo de Jesús le fue concedido el servir de instrumento para indicar a la posteridad, por medio de su interpretación de la antiquísima literatura de Israel, cuán extraordinariamente la filosofía kabalística coincidía en su esoterismo con la de los más profundos pensadores griegos. Este contemporáneo, celoso discípulo de Platón y Aristóteles, era Filón el judío. Al paso que explica los libros Mosaicos según un método puramente kabalístico, él es el famoso escritor hebreo a quien Kingsley llama el Padre del Nuevo Platonismo.
 
Es evidente que los Terapeutas de Filón eran una rama de los Esenios. Su nombre lo indica: Essaioi, Asaya, médico. De ahí las contradicciones, falsedades y otros desesperados expedientes para conciliar el canon judío con la natividad y divinidad Galilea.
 
Lucas, que era un médico, es designado en los textos siríacos con el nombre de Asaia, el Essaiano o Esenio. Josefo y Filón el Judío han descrito suficientemente esta secta para que no nos quede la menor duda de que el Reformador Nazareno, después de haber recibido su educación en sus viviendas del desierto, y de haber sido debidamente iniciado en los Misterios, prefirió la libre e independiente vida de un Nazaria errante, y así separado o desnazarenizado de ellos, se convirtió, por lo tanto, en un Terapeuta viajero, un Nazario, un curador. Todo Terapeuta, antes de abandonar su comunidad, tenía que hacer lo mismo. Tanto Jesús como S. Juan Bautista predicaron el fin de los Tiempos [1], lo cual prueba que conocían la secreta computación de los sacerdotes y kabalistas, los cuales, juntamente con los jefes de las comunidades Esenias, eran los únicos que poseían el secreto de la duración de los ciclos. Estos últimos individuos eran kabalistas y teurgistas; “ellos tenían sus libros místicos, y predecían los sucesos futuros”, dice Munk [2].
 
Dunlap, cuyas investigaciones personales parecen haber sido completamente felices en este sentido, hace remontar el origen de los Esenios, Nazarenos, Dositheanos y de algunas otras sectas, a una época anterior a la de Cristo. “Ellos renunciaban a los placeres, despreciaban las riquezas, se amaban los unos a los otros, y más que las otras sectas, no pensaban en el matrimonio, considerando como un acto virtuoso el dominio de las pasiones” [3], dice dicho autor.
 
Estas eran todas las virtudes predicadas por Jesús; y, si tenemos que tomar los evangelios como un modelo de verdad, Cristo era un metempsicosista o reencarnacionista, también como estos mismos Esenios, que se nos presentan como Pitagóricos en todas sus doctrinas y costumbres. Jámblico asegura que el filósofo de Samos pasó algún tiempo con ellos en el Carmelo [4]. En sus discursos y sermones, hablaba siempre Jesús en parábolas, y usaba metáforas para su auditorio. Esta costumbre era también la de los Esenios y Nazarenos; de los Galileos que habitaban en ciudades y pueblos nunca se ha sabido que empleasen tal lenguaje alegórico. En efecto, algunos de sus discípulos, siendo galileos como él mismo, se sorprendían al oírle emplear con el pueblo semejante forma de expresión. “¿Por qué les hablas por parábolas?” [5], preguntaban ellos con frecuencia. “Porque a vosotros os está concedido el conocer los Misterios del reino de los cielos, pero a ellos no les está concedido”, era la contestación, que era la de un iniciado. “Por esto les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden”. Además, encontramos a Jesús expresando sus sentimientos de un modo todavía más claro – y en sentencias que son puramente pitagóricas – cuando, en el Sermón de la montaña, dice:
 
“No deis lo que es sagrado a los perros, ni arrojéis vuestras perlas a los cerdos; porque el cerdo las pisará con sus pies y los perros se volverán y os desgarrarán”.
 
El profesor A. Wilder, editor de los Misterios Eleusinos de Taylor, hace notar “una disposición parecida por parte de Jesús y de Pablo, en clasificar sus doctrinas en esotéricas y exotéricas, los Misterios del Reino de los Cielos para los apóstoles, y las parábolas para la multitud. ‘Nosotros hablamos sabiduría – dice Pablo – entre aquellos que son perfectos’ (o iniciados)” [6].
 
NOTAS:
 
[1] El verdadero significado de la división en tiempos o épocas es esotérica y búddhica. Tan poco lo han comprendido los cristianos no iniciados, que han tomado las palabras de Jesús al pie de la letra y han creído positivamente que se refería al fin del mundo. Han existido muchas profecías acerca del tiempo futuro. Virgilio, en la cuarta Égloga, menciona el Metatrón, una nueva progenie, con la cual terminará la edad de hierro, dando lugar a la edad de oro.
 
[2] Palestina, p. 525 y siguientes.
 
[3] Sod, vol. I. Prefacio, p. XI.
 
[4] Vit. Pythag. Munk deriva el nombre de Iesseus o Essenios de los Asaya siríacos, curadores o médicos, haciendo ver así su identidad con los Terapeutas egipcios. Palestina, p. 515.
 
[5] Mateo, XIII, 10.
 
[6] Misterios Eleusinos, p. 15.
 
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El artículo “Jesús, un Sabio del Desierto” está publicado en los sitios web de la Logia Independiente de Teósofos desde el 20 de diciembre de 2025.  El texto reproduce las páginas 162-163 de la obra “Isis Sin Velo”, de Helena P. Blavatsky, tomo II, imprenta y litografía de José Casamajó, Barcelona, España, edición del año 1902. Sobre el tema Jesús en el Desierto, véanse otros datos en Lucas, capítulo 4, Nuevo Testamento.
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Helena Blavatsky (foto) escribió estas palabras: “Antes de desear, trata de merecer”. 
 
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