Cómo Adyar Intentó
Fabricar el  Retorno de Cristo
 
 
Carlos Cardoso Aveline
 
 
 
Jiddu Krishnamurti y Annie Besant
 
 
 
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El siguiente texto es una traducción del
capítulo quince del libro “The Fire and Light of
Theosophical Literature”, de Carlos Cardoso Aveline,
The Aquarian Theosophist, Portugal, 255 pp., 2013.
 
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“Anteanoche se me mostró una
visión general de las sociedades
teosóficas. Vi algunos teósofos
sinceros y confiables en una lucha
a muerte con el mundo en general
y con otros teósofos que eran
nominalmente teósofos, pero ambiciosos”.
 
(H. P. Blavatsky [1])
 
 
 
De manera trágica o cómica, el error imita a la verdad, y la teosofía auténtica ha estado siempre rodeada de un sinfín de formas, a menudo brillantes o espectaculares, de pseudoteosofía. Un ejemplo significativo de esta ley oculta puede encontrarse en la creación de un culto teosófico en torno a la personalidad de Jiddu Krishnamurti (1895-1986). El credo krishnamurtiano todavía pervive, aunque de manera bastante silenciosa.
 
Krishnamurti tenía 14 años cuando fue “descubierto” en Adyar por C. W. Leadbeater. Para entonces, tanto Annie Besant como Leadbeater solían mantener largas conversaciones imaginarias con algo a lo que llamaban “Señor Cristo”. Poco después del descubrimiento, el muchacho fue oficialmente presentado ante el mundo como si fuera un alto iniciado y un futuro avatar, el vehículo para la segunda llegada del Señor.
 
En relación con el esperado regreso de Cristo, H. P. Blavatsky había explicado:
 
“Hay dos cosas evidentes para todos (…): a) la ‘venida de Cristo’ significa la presencia de CHRISTOS en un mundo regenerado, y no, de ningún modo, la venida literal y corporal de ‘Cristo’ Jesús; b) ese Cristo no debe ser buscado ni en el desierto ni ‘en las cámaras internas’, ni en el santuario de ningún templo o iglesia construidos por el hombre; porque Cristo – el verdadero salvador esotérico – no es un hombre, sino el PRINCIPIO DIVINO en cada ser humano. Aquel que se esfuerza en resucitar al Espíritu crucificado en sí por sus propias pasiones terrenales, y enterrado profundamente en el ‘sepulcro’ de su propia carne pecaminosa; aquel que tiene la fuerza necesaria para mover la piedra de la materia situada frente a la puerta de su propio santuario interno, ha elevado al Cristo dentro de sí. (‘Porque vosotros sois el templo del Dios viviente’, 2 Corintios 6:16)”. [2]
 
En esta ocasión, al igual que en otras, las palabras de HPB son muy claras. Sin embargo, los líderes de Adyar estaban tan ocupados siguiendo sus propias fantasías que no tuvieron tiempo para tener en cuenta la teosofía.
 
Se organizó entonces una “Iglesia Católica Liberal” que habría de servir de vehículo para Krishnamurti, el Cristo. La Orden de la Estrella se convertiría en la principal organización mesiánica. La Sociedad Teosófica de Adyar y su Escuela Esotérica se transformaron en instrumentos auxiliares para el experimento adventista. El catecismo del nuevo Maestro sería el pequeño libro “A los pies del Maestro”, hábilmente escrito por Leadbeater y presentado como si fuera el resultado de las instrucciones impartidas por un Adepto a Krishnamurti, quien supuestamente había tomado notas.
 
Mary Lutyens, amiga íntima y principal biógrafa de Jiddu Krishnamurti, relata en el capítulo uno de su libro “Vida y muerte de Krishnamurti” que las supuestas notas tomadas por él “desaparecieron”. Los únicos originales vistos de ese libro devocional fueron los mecanografiados por C. W. Leadbeater. Cuando Krishnamurti se volvió adulto, negó ser el autor de “A los pies del Maestro”. El libro nunca fue incluido entre las obras de Krishnamurti. Las Fundaciones Krishnamurti no lo venden. No obstante, las editoriales vinculadas a la Sociedad de Adyar aún atribuyen nominalmente su “autoría” a “Alcyone”, que es el seudónimo que Leadbeater creó para Krishnamurti en su libro de fantasía titulado “Las vidas de Alcyone”.
 
Escrito con el estilo inconfundible de Leadbeater, “A los pies del Maestro” repite muchas de sus ideas equivocadas acerca del camino espiritual. La falsa autoría de este pequeño libro es uno de los principales fraudes literarios en la larga carrera del “obispo” Leadbeater. Desde su primera edición, los miembros de la S. T. de Adyar han puesto el libro en un lugar muy especial. Miles de teósofos todavía creen en la autenticidad de dicho libro. Pocos de ellos han leído el testimonio del antiguo secretario internacional de la Sociedad de Adyar, Ernest Wood, quien, durante muchos años, fue un ayudante personal de C. W. Leadbeater. En su libro autobiográfico, Wood relata la historia de un distinguido joven teósofo de Adyar, el Sr. Subrahmanyam. En 1910-1911, Subrahmanyam fue testigo de una reveladora conversación entre el joven Krishnamurti y su padre. Al ser preguntado, en presencia de Subrahmanyam, sobre la autoría de “A los pies del Maestro”, Jiddu Krishnamurti respondió a su padre, en idioma telugu:
 
“El libro no es mío; me han atribuido su autoría”.
 
Profundamente sorprendido, Subrahmanyam relató el diálogo a su amigo íntimo Wood. Según un dicho popular, las malas noticias vuelan. Cuando se informó a la Sra. Annie Besant al respecto, llamó a Subrahmanyam a su gabinete. La Sra. Besant le dijo que era simplemente “imposible” que Krishnamurti hubiera dicho tal cosa. Después, le presentó una alternativa: retractarse inmediatamente de sus palabras o ser expulsado de Adyar.
 
Incapaz de vivir en una atmósfera cargada de fantasías oficialmente idealizadas, Subrahmanyam resistió la presión. No se retractó y, por tanto, tuvo que abandonar Adyar de inmediato y para siempre. Volvió a su ciudad natal, y Wood afirma que, por alguna razón, Subrahmanyam “murió allí poco después, siendo todavía poco más que un niño”. [3]
 
Desde su aparición en 1910, el libro “A los pies del Maestro” fue un superventas, y también fue visto como algo espectacular. Su éxito fortaleció la creación de la organización mesiánica llamada “Orden de la Estrella de Oriente”. Desde el punto de vista de la Sra. Besant, la creación de un nuevo mesías no podía ser perturbada por hechos tan incómodos como el diálogo del que Subrahmanyam fue testigo. La mera idea de que un niño había escrito un “texto adulto” fue usada y presentada como un “fenómeno” en sí mismo, como algo “bastante extraordinario”. Parecía ser una evidencia sólida de que, realmente, Cristo/Maitreya había decidido volver. Todo lo que la gente tenía que hacer era creer en el espectáculo pirotécnico de maravillas imaginarias.
 
Ernest Wood escribe lo siguiente sobre la “Orden de la Estrella”, que crecía en todo el mundo:
 
“Miles de miembros de la Sociedad Teosófica se lanzaron de cabeza al nuevo movimiento. Algunos se mantuvieron al margen, entre ellos yo. Otros lo criticaron por varias razones. Uno o dos manifestaron la opinión de que Krishnamurti no sabía suficiente inglés para haber escrito las frases del libro. Yo estaba bastante de acuerdo con ellos, pero me expliqué a mí mismo esta dificultad diciendo que el prefacio anunciaba que Krishnamurti no lo había escrito, sino que eran las palabras del Maestro. Sin embargo, aún quedaba la dificultad de que Krishnamurti no habría podido unir las frases y puntuarlas tan bien. En mi opinión, no habría podido ni escribir el prefacio. Dejé estas dudas en suspenso. Muy bien podríamos esperar a ver si el Maestro venía”. [4]
 
Ernest Wood percibió que el libro era demasiado simple y estrecho para tener tal importancia como acontecimiento social. Wood narra una franca conversación que tuvo con Leadbeater:
 
“Expresé mi opinión: era un libro pequeño y agradable, pero extremadamente simple. Las instrucciones contenidas en él ¿podían ser suficientes para llevar a uno al ‘camino propiamente dicho’, a la primera iniciación que la Sra. Besant había descrito en su libro? El Sr. Leadbeater dijo que sí; más aún, que estas instrucciones, si se ponen completamente en práctica, conducen a uno al Adeptado”.
 
Aquí Leadbeater habló como si fuera un gran sabio. Las fantasías de autoimportancia eran tan fuertes en Adyar que, algunos años después, en 1925, Annie Besant anunciaría un hecho muy notable: ella misma, así como C. W. Leadbeater, J. Krishnamurti, George Arundale y otros habían alcanzado el Adeptado y eran ahora “Maestros e Iniciados del quinto círculo”. Sin embargo, por alguna razón, poco después de aquel anuncio resultó obvio que Besant había perdido su mente y su equilibrio, tal como informaron debidamente Mary Lutyens y Ernest Wood.
 
El Sr. Ernest Wood continúa describiendo su conversación con Leadbeater:
 
“Señalé que había una o dos cosas curiosas acerca del manuscrito. Su estilo era muy similar al del Sr. Leadbeater, y había algunas frases que eran exactamente iguales a las de un libro suyo que ya habíamos preparado para la imprenta. Me dijo que desearía haber sido capaz de escribir semejante libro. En cuanto a las frases que mencioné, dijo que, normalmente, él había estado presente cuando Krishnamurti estaba recibiendo, en su cuerpo astral, las enseñanzas del Maestro, de modo que recordaba dichas frases…”. [5]
 
Leadbeater fue capaz de dar explicaciones para todo. En cuanto a Annie Besant, Wood afirma que fue ella quien decidió el título “A los pies del Maestro”. Por supuesto, a su edad, Krishnamurti no estaba muy interesado en los libros o en la escritura. Todo lo que se esperaba que hiciera era desempeñar el papel externo de un joven Iniciado y futuro mesías. Por otro lado, lo que dice el libro es también muy diferente de las enseñanzas de los Maestros. La Sra. Jean Overton Fuller dijo lo siguiente sobre una conversación que tuvo con la Sra. Lutyens:
 
“Hablé con Mary Lutyens al respecto. Se inclinaba a pensar que el libro había sido escrito, en gran medida, por Leadbeater”. [6]
 
El contenido del libro confirma esta idea. En “A los pies del Maestro”, la palabra “Dios” es usada muchas veces. “Dios tiene un plan”, dice el libro. “Si [alguien] está del lado de Dios, es uno de los nuestros”, insiste. Su autor dice: “Porque TÚ eres Dios, y quieres solamente lo que Dios quiere”. [7] Además, en el prólogo, supuestamente escrito por Krishnamurti, aparece esta frase: “Estas no son mis palabras, sino las del Maestro que me enseñó”.
 
Vale la pena examinar lo que el mismo Maestro que, según Leadbeater, dictó el libro a Krishnamurti afirmó sobre Dios, en su famosa carta 10 en “Las Cartas de los Mahatmas”. El Adepto verdadero dijo:
 
“Ni nuestra filosofía ni nosotros mismos creemos en Dios y menos que nada en uno cuyo pronombre necesita de una ‘E’ mayúscula”. [8]
 
Leadbeater – el autor secreto del libro – hace decir a su Maestro imaginario: “Escucha Su voz, que es TU voz” (p. 9). Por otro lado, el Adepto verdadero enseña:
 
“El sentimiento CONSTANTE de dependencia extrema de una Deidad que el hombre considera como única fuente de poder hace que este pierda toda la autoconfianza y el impulso para actuar y tomar la iniciativa. Habiendo empezado por crear un padre y guía para sí, se vuelve como un niño y permanece así hasta la vejez, esperando ser llevado de la mano en todos los acontecimientos de la vida, tanto los grandes como los pequeños”. [9]
 
Leadbeater hace decir a su “Maestro”: “Dios es Sabiduría y Amor, y cuanta más sabiduría tengas, más podrá Él manifestarse a través de ti” (p. 12). Mientras que en la carta 134 de “Las Cartas de los Mahatmas” (la carta de Prayag) puede leerse lo siguiente:
 
“La fe en los Dioses o en Dios, y otras supersticiones, atraen a su alrededor millones de influencias extrañas, de entidades vivientes y de poderosos factores, con los cuales tenemos que hacer uso de nuestros poderes más que ordinarios para rechazarlos. Nosotros no nos hemos propuesto hacerlo      así”.[10]
 
El Maestro explica, pues, que los Adeptos difícilmente pueden acercarse a personas que creen en supersticiones como “Dios o Dioses”. El hondo contraste entre ambos puntos de vista puede explicarse por el hecho de que C. W. Leadbeater – el instructor de Krishnamurti – había fracasado en su discipulado poco después de ser puesto en probación en la década de 1880. Como resultado, nunca fue admitido en la Escuela Esotérica de HPB mientras ella vivió. [11]
 
En lo que respecta a la “cuestión de Dios”, no es un mero asunto de “opinión personal”, sino que tiene relación con un tema práctico de importancia decisiva en el aprendizaje oculto. La creencia en un Dios todopoderoso o la adoración de Adeptos imaginarios que tienen un “poder ilimitado” es un punto esencial en la versión idealizada del discipulado que A. Besant y C. W. Leadbeater crearon. Según ellos, hay que dejar la autonomía individual enteramente de lado “por devoción”. En este y otros aspectos, pensaban de forma muy parecida a los sacerdotes del Vaticano.
 
Punto por punto, “A los pies del Maestro” contradice la teosofía verdadera. El libro dice, por ejemplo, que una higiene física extrema tiene gran importancia “oculta”. Leadbeater era un poco obsesivo al respecto, y en “A los pies del Maestro” aparece la siguiente recomendación para todos los aspirantes al discipulado:
 
“El cuerpo es tu animal, el caballo en el que cabalgas. Por tanto, (…) debes alimentarlo correctamente, con bebidas y alimentos puros, y mantenerlo siempre escrupulosamente limpio de la más leve mancha. Porque, sin un cuerpo perfectamente limpio y sano, no podrás llevar a cabo el arduo trabajo de preparación, ni soportar el esfuerzo incesante”. [12]
 
Recordemos las palabras “siempre escrupulosamente limpio” al examinar lo que dicen los propios Maestros sobre la higiene personal en el plano físico. En “Las Cartas de los Mahatmas”, un Adepto explica lo siguiente al Sr. Sinnett:
 
“Nuestros mejores, nuestros más eruditos y santos Adeptos pertenecen a las razas de los ‘mugrientos tibetanos’; en cuanto a los Punjabi Singhs, usted sabe que el león es un animal proverbialmente sucio y agresivo, a pesar de su fuerza y de su valor”. [13]
 
La palabra “Singh”, tal como se usa aquí, es un nombre místico utilizado por el mismo Maestro de Sabiduría que escribe la carta. La identidad metafórica entre el Mahatma y los “leones” proviene del hecho de que, en sánscrito, la palabra “Singh” significa “león”.
 
A partir de esto, podemos concluir que, a menudo, los Adeptos orientales están físicamente “mugrientos” y sucios. A veces, sus discípulos regulares se niegan incluso a presentarse llevando ropa limpia, tal como narra el Mahatma en la misma carta. De hecho, uno de sus chelas se negó enfáticamente a entregar una carta a Alfred Sinnett porque HPB le había pedido que se presentara con una “apariencia personal más limpia” para no ofender los prejuicios occidentales del Sr. Sinnett contra la “gente sucia”. El Maestro explica a Sinnett que el joven discípulo no aceptaría comportarse como los chelas de sectas rivales ilegítimas, que recomiendan la higiene física (véanse las pp. 22-23 en la edición de la Editorial Teosófica de Barcelona).
 
Este episodio muestra que los Maestros y los discípulos prestan escasa atención al tema de la limpieza o suciedad físicas. También indica que un Maestro verdadero preserva enteramente la autonomía de sus discípulos, que son libres de tener y preservar sus propios prejuicios contra la higiene física. En la misma carta, además de admitir el error de su chela, el Maestro se refiere a un ejemplo occidental de resistencia santa a la higiene física:
 
“De nuevo, el prejuicio y la letra muerta. Durante más de mil años – dice Michelet – los santos cristianos ¡no se lavaron nunca!”. [14]
 
Entonces, uno podría preguntar: ¿cuál es la verdadera razón de que Leadbeater recomendase semejante “fobia oculta” a la suciedad física? En su ensayo “Tótem y tabú”, Sigmund Freud nos ofrece una explicación psiquiátrica. Tal fobia, dice Freud, está relacionada con la neurosis compulsiva: “El más común de estos actos obsesivos es lavarse con agua (obsesión con el agua)”. [15]
 
El discipulado o aprendizaje esotérico es un proceso interno que no solo preserva, sino que mejora la autonomía del aprendiz, y esto es todo lo contrario a lo que encontramos en “A los pies del Maestro” y otros libros del período besantiano.
 
Según la mayoría de autores de Adyar, el aspirante a discípulo debe desarrollar una obediencia total y automática al supuesto Maestro. Esto, dicen, debe hacerse por devoción. Tal idea ha resultado muy conveniente para los líderes de Adyar que han querido situarse como “intermediarios” entre los Maestros imaginarios y el resto del movimiento.
 
Hasta comienzos de la década de 1950, a través de los líderes de la S. T. de Adyar y su escuela esotérica se recibían “órdenes” directas provenientes de presuntos Maestros. Este sistema estuvo en pie hasta la época de C. Jinarajadasa. Aunque las supuestas comunicaciones con Maestros cesaron formalmente con N. Sri Ram hacia 1953, desde entonces el poder ha estado concentrado en las manos de los presidentes internacionales y los “jefes externos” de la escuela esotérica, quienes, según la costumbre, son tratados implícitamente como papas por el resto de miembros de la Sociedad de Adyar, y se comportan como si fueran “representantes ocultos de los Maestros”.
 
En “A los pies del Maestro”, podemos leer esta recomendación directa de obediencia ciega devocional:
 
“Cuando te conviertas en un discípulo del Maestro, siempre podrás poner a prueba la veracidad de tu pensamiento comparándolo con el Suyo. Porque el discípulo es uno con su Maestro, y debe volver su pensamiento hacia el de su Maestro para ver inmediatamente si ambos están de acuerdo. Si no lo están, entonces el pensamiento del discípulo es incorrecto y lo cambia instantáneamente, pues el pensamiento del Maestro es perfecto, porque Él lo sabe todo. Los que aún no han sido aceptados por Él no pueden hacer esto perfectamente, pero pueden ayudarse a sí mismos parándose a menudo a pensar lo siguiente: ‘¿Qué pensaría el Maestro al respecto? ¿Qué diría o haría el Maestro bajo estas circunstancias?’. Pues nunca debes hacer, decir o pensar aquello que no puedes imaginar al Maestro haciendo, diciendo o pensando”. [16]
 
Las suposiciones falsas presentes en las frases anteriores merecen ser examinadas.
 
* En primer lugar, el texto presupone que un discípulo es capaz de comprender plenamente la consciencia y los pensamientos de su Maestro. Este punto de vista niega el hecho de que hay una vasta diferencia, en lo que respecta a los horizontes mentales y el karma, entre un Adepto y su pobre e ignorante discípulo.
 
* En segundo lugar, el texto presupone que un discípulo debe intentar imitar los pensamientos, palabras y actos de su Maestro. En realidad, dado que el maestro y el discípulo son dos seres diferentes que poseen cantidades ampliamente distintas de sabiduría, deben, inevitablemente, pensar, hablar y actuar de manera diferente.
 
* En tercer lugar, el falso discípulo renuncia totalmente a pensar por sí mismo o a responsabilizarse por su vida y sus actos. Se esconde tras lo que él imagina que son los pensamientos de su Maestro. Naturalmente, para facilitar el “discipulado”, tales “pensamientos de los Maestros” le serán, implícita o explícitamente, “transmitidos” por las autoridades papales de Adyar. Es suficiente con “creer”.
 
En filosofía esotérica, las cosas son mucho más profundas, y también más democráticas. Los estudiantes no pueden comparar sus pensamientos individuales con los pensamientos individuales de un Adepto. Por otro lado, pueden comparar sus perspectivas sobre el discipulado con las enseñanzas generales de los Maestros acerca del mismo tema, dado que estas están registradas a salvo en “Las Cartas de los Mahatmas” y otros lugares.
 
Tal estudio comparativo es una experiencia reveladora. Lo que los Maestros enseñan realmente sobre el discipulado es lo contrario de lo que uno ve en “A los pies del Maestro” y en muchos otros escritos posteriores. Ya en 1882, los Maestros estaban luchando directamente contra la “herejía de la obediencia ciega”, que también puede llamarse “principio de pereza mental” de la obediencia mecánica, si no mediúmnica, a un Maestro imaginario. Un Adepto de los Himalayas escribió:
 
“… Usted tiene una carta mía en la cual explico por qué nosotros no guiamos nunca a nuestros chelas (ni siquiera a los más avanzados), ni les advertimos con anticipación, dejando que los efectos producidos por causas de su propia creación les proporcionen una mejor experiencia. Le ruego que tenga presente esa carta en particular. Antes de que termine el ciclo deberán ser descartadas todas las malas interpretaciones. Confío y espero por parte de usted que las aclare totalmente en las mentes de los miembros de Prayag”. [17]
 
Este principio pedagógico central, el principio de autonomía del aprendiz, es mencionado por todas partes en los escritos de HPB y los Maestros. En la obra “Cartas de los Maestros de Sabiduría”, por ejemplo, podemos leer lo que un Mahatma dijo a una cierta señora de intenciones altruistas: “Te has ofrecido para la Cruz Roja; sin embargo, hermana, hay enfermedades y heridas del alma que no pueden ser curadas por ningún cirujano. ¿Nos ayudarás a enseñar a la humanidad que los enfermos del alma deben curarse a sí mismos?”. [18]
 
La responsabilidad individual consciente ante la vida y la ley del karma es la condición fundamental para cada estudiante de teosofía. Lo mismo se aplica a los discípulos laicos y aspirantes al discipulado laico.
 
Aunque la tentativa mesiánica llevada a cabo por los líderes de Adyar en el siglo XX claramente fracasó, sus falsas nociones aún intoxican las mentes y los corazones de teósofos de todo el mundo. Ideas mayávicas similares influencian a muchos que no pertenecen a la S. T. de Adyar.
 
Debido a los mecanismos magnéticos del karma colectivo, varios grupos teosóficos comparten implícitamente, en un nivel oculto, verdad e ilusiones. Como resultado, la necesidad del discernimiento individual es inevitable. Vale la pena seguir el ejemplo de H. P. Blavatsky, quien escribió en “Isis Sin Velo”:
 
“No acepto incondicionalmente las opiniones de ningún hombre, vivo o muerto”. [19]
 
En el próximo capítulo, seguiremos este consejo y examinaremos las “enseñanzas” de Jiddu Krishnamurti desde el punto de vista de la filosofía esotérica. [20]
 
NOTAS:
 
[1] Estas dos frases son citadas en “The Friendly Philosopher”, de Robert Crosbie, Theosophy Co., Los Angeles, 1945, p. 389. Forman parte de una carta de HPB a William Judge datada el 12 de agosto de 1887. El texto entero de la misma fue publicado en la revista “Theosophical History”, edición de enero de 1995, pp. 164-165.
 
[2] “The Esoteric Character of the Gospels”, en “The Collected Writings of H.P. Blavatsky”, T.P.H., EUA, volumen VIII, p. 173.
 
[3] “Is This Theosophy?”, Ernest Wood, Londres: Rider & Co., 1936, Paternost House, E.C., reimpreso por Kessinger Publishing LLC, MT, EUA, 318 pp., p. 163.
 
[4] “Is This Theosophy?”, p. 162.
 
[5] “Is This Theosophy?”, p. 161.
 
[6] “Krishnamurti and the Wind”, de Jean Overton Fuller, The Theosophical Publishing House, Londres, 2003, 300 pp., p. 23.
 
[7] “At the Feet of the Master”, de Alcyone, The Theosophical Publishing House, Wheaton, IL, EUA, edición de bolsillo, 1984, 32 pp., p. 9.
 
[8] Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 10, p. 75.
 
[9] “Letters From the Masters of the Wisdom”, 1870-1900, primera serie, transcritas por C. Jinarajadasa, T.P.H., Adyar, Madrás (Chennai), India, 1973, carta 43, p. 95.
 
[10] Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 134, p. 660.
 
[11] Viviendo otra vez en Londres tras varios años en Asia, en lugar de tener acceso a la Escuela Esotérica de HPB, Leadbeater se unió al “Grupo Interno” del Sr. Alfred P. Sinnett, tal como escribe Sinnett en su “Autobiografía” (Theosophical History Center, Londres, 1986, 65 pp.). Fue en ese grupo donde Leadbeater desarrolló sus siddhis inferiores, durante sesiones mesméricas y mediúmnicas en las que hablaban con falsos Adeptos. Para entonces, el grupo de Sinnett ya era enemigo del trabajo de HPB. En 1894, tres años después de la muerte de HPB, Annie Besant se unió a aquel grupo de ilusos. Sea o no una coincidencia, en ese mismo año Besant empezó su persecución contra William Q. Judge, quien era leal a HPB.
 
[12] “At the Feet of the Master”, páginas 9-10.
 
[13] Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 4, p. 21.
 
[14] Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 4, p. 23.
 
[15] “Totem and Taboo – Resemblances Between the Psychic Lives of Savages and Neurotics”, de Sigmund Freud, Dover Thrift Editions, Dover Publications, Inc., Mineola, Nueva York, EUA, 1998, 138 pp., p. 25.
 
[16] “At the Feet of the Master”, pp. 13-14.
 
[17] Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 72, p. 534.
 
[18] “Letters From the Masters of the Wisdom”, transcritas por C. Jinarajadasa, T.P.H., Adyar, India, segunda edición, 1973, carta 72, p. 129.
 
[19] Isis Unveiled”, H. P. Blavatsky, volumen I, p. X.
 
[20] Una versión inicial de este capítulo fue publicada como artículo en la revista “Fohat” de Canadá, edición de otoño de 2007, páginas 64-68.
 
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Fabricando un Avatar” está publicado en los sitios web de la Logia Independiente de Teósofos desde el 6 de marzo de 2026. El artículo forma parte también de la edición de diciembre de 2023 de “El Teósofo Acuariano”. Se trata de una traducción del inglés, y la tarea fue llevada a cabo por el teósofo español Alex Rambla Beltrán. Texto original: The Making of an Avatar.
 
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Helena Blavatsky (foto) escribió estas palabras: “Antes de desear, trata de merecer”. 
 
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